Psicóloga Eva Fernández
PsicólogaEva Fernández

La Agorafobia

 

En muchas ocasiones hemos oído hablar de la agorafobia como el miedo a los espacios abiertos, a salir de casa, etc. Pero realmente es un trastorno psicológico mucho más complejo, es “miedo al miedo”, la agorafobia es el miedo a sufrir un ataque de ansiedad en lugares donde la persona interpreta que es difícil salir, o que se puede sentir avergonzado o indefenso. Normalmente la persona con agorafobia se expresa en los siguientes términos: “y si me da una crisis de ansiedad estando en.., y si…” 

    Concretamente es un estado de temor a que se repita el ataque de ansiedad, lo que provoca una atención exagerada a cualquier sensación corporal o síntomas parecidos a los que se tuvo en aquel momento. Es decir, desarrollamos este tipo de trastorno después de haber sufrido un ataque de ansiedad, después de haberlo pasado bastante mal y apoderarse de nosotros un miedo intenso a que esto pueda repetirse. Lo hace más complicado la falta de control del ataque de ansiedad, el origen y la incertidumbre de cuándo volverá a repetirse. 

 

 

Los síntomas típicos de la agorafobia comprenden el miedo a :

 

  • Salir de casa solo 
  • Multitudes (conciertos, grandes almacenes) o esperar una fila
  • Espacios abiertos como la calle, plazas …
  • Espacios cerrados como cines, ascensores..
  • Transportes como avión, tren o autobuses.  

 

Al prestar tanta atención al cuerpo y a las sensaciones se desarrolla una actitud hipervigilante que provoca que se incrementen los síntomas de la ansiedad. Por ejemplo, el tic-tac de un reloj siempre pasa desapercibido, pero si se empieza a prestar atención, será difícil dejar de escucharlo. Igualmente ocurre con las sensaciones del cuerpo, si comenzamos a buscar señales de ansiedad, el simple hecho de observarnos asustados hará que las encontremos y sin darnos cuenta, habremos sido nosotros mismos quienes activemos la zona de alarma despertando la ansiedad.  

Por el “miedo a que me pueda dar…” es frecuente que evitemos lugares, grandes superficies, transportes, quedarnos solos en casa, etc. Todo esto limita nuestra vida y genera un enorme malestar diario.

 

 

¿Qué es un ataque de pánico?

 

Es un periodo de miedo o malestar intenso en el que al menos cuatro de los siguientes síntomas aparecen súbitamente y alcanzan gran intensidad en los diez minutos siguientes:

 

  1. Palpitaciones o ritmo cardiaco acelerado.
  2. Sudoración.
  3. Temblores o sacudidas.
  4. Falta de aliento (disnea) o sensación de ahogo.
  5. Sofocación.
  6. Dolor o molestias en la zona del corazón.
  7. Náuseas o molestias abdominales.
  8. Mareo, sensación de inestabilidad, sensación de pérdida de conciencia.
  9. Percibir las cosas o percibirse a sí mismo de forma extraña, sensaciones de irrealidad o despersonalización. 
  10. Miedo a volverse loco o a perder el control.
  11. Miedo a morir.
  12. Agarrotamiento muscular, principalmente en las extremidades. 
  13. Parestesias (adormecimiento de las extremidades o sensación de cosquilleo).
  14. Escalofríos o acaloramientos.
  15. Movimientos desorganizados y torpes.
  16. Dificultades de expresión verbal, incluso tartamudeo. 
  17. Inseguridad, preocupación, dificultad para tomar decisiones. 

 

 

 

 El proceso de un ataque de pánico: origen y mantenimiento 

 

El proceso de un ataque de pánico empieza con un estímulo interno (sensación corporal, imagen o pensamiento) o externo (situación o lugar temidos). La persona se siente amenazada por ese estímulo por razones variadas como excesiva autoatención, condicionamiento previo, contenido del pensamiento, anormalidad de una sensación...., entonces el sujeto responde con una respuesta de miedo con manifestaciones fisiológicas como aceleración del ritmo cardiaco, opresión del pecho, respiración agitada, mareo, sensación de irrealidad. El sujeto interpreta estas respuestas como indicadores de un posible problema tremendo, de que algo le va a ocurrir, como por ejemplo un ataque cardiaco, un desmayo, etc. Esto hace que el sujeto perciba las sensaciones como amenazantes lo que incrementa las respuestas fisiológicas, entrando la persona en un círculo vicioso que culmina con el pánico o la angustia. La clave está en las interpretaciones catastróficas de las sensaciones corporales y no estas en sí mismas, lo que lleva al pánico. 

 

Mantenimiento del Trastorno de Pánico: 

 

  1. Debido al miedo a ciertas sensaciones, la persona se vuelve hipervigilante, centra la atención en sí misma.
  2. La persona por el miedo a que aparezca un nuevo ataque, suele evitar  y/o escapar de situaciones o actividades que le llevan a experimentar las sensaciones que teme. Esta evitación le impide a la persona comprobar si las interpretaciones de sus sensaciones son erróneas.

 

Causas de la agorafobia

 

1- El miedo anticipatorio: el estar pensando continuamente “¿y si sufro una crisis de ansiedad y no puedo salir y si los demás se van a dar cuenta…?” provoca que la ansiedad se active, se vive con el temor a que aparezca. Es el “miedo al miedo.”

 

2- Actitud hipervigilante: de las reacciones y síntomas de nuestro cuerpo.

 

3- Asociar situaciones con ansiedad, o bien porque haya aparecido ansiedad en algún momento, o bien porque nos lo hayan contado o lo hayamos visto. 

 

4- La evitación/escape: sentimos ansiedad y no esperamos lo suficiente a que esta disminuya, el miedo nunca desaparecerá. Si no evitamos la situación de estrés e intentamos permanecer en ella, llegará un momento en el que desaparecerá.  

Si escapamos de la situación de estrés cuando estamos en el punto más alto de ansiedad, la siguiente vez que estemos en esa situación o similares, nuestro cerebro recordará la ansiedad tan alta que tuvimos y automáticamente esta se disparará. 

 

 

Tratamiento de la agorafobia

 

A lo largo de mis años de experiencia he podido comprobar que para la intervención de  los trastornos de ansiedad y en concreto para la agorafobia, las mejores técnicas son las  cognitivo-conductuales: exposición al miedo, cambio del pensamiento catastrofista…

 

Cuando el miedo limita nuestras vidas, lo mejor es ponerse en manos de un profesional que nos explique lo que nos está ocurriendo y cómo superarlo. 

 

 

 

 

 

 

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